De ya pa' ya




Cuando el Señor me alcanzó hace 25 años, esa experiencia me impulsó a querer servirle primeramente con la música y así comencé a misionar acompañando a un diácono con espiritualidad carismática en todas sus giras misioneras. Mientras transcurría el tiempo, comencé a compartir mi testimonio de vida y así el Señor me siguió llevando de la mano por estos 25 años, caminando de fe en fe en cada momento de mi vida. En el camino de la evangelización he visto cómo el Señor hace milagros portentosos en la vida de muchos hermanos y hermanas gracias a la acción evangelizadora de sacerdotes, religiosas, laicos; hombres y mujeres que tomaron la decisión de lanzarse a pescar sin miedo a las tormentas. Si tú has recibido un toque especial del Señor o un milagro ¿qué estás haciendo hoy?, te lo pregunto porque muchos, después de esa experiencia de Dios se quedan estancados, no se mueven, solo dicen gracias, Señor, y creen que esto es suficiente; solo devuelven el favor entregando un objeto o el llamado milagrito, algunos se cortan el cabello y lo dejan en una imagen, etc. Esto lastimosamente se da por la falta de evangelización en la Iglesia, nos estamos quedando en una religiosidad que muchas veces cae en lo antievangélico y es por ello que son presa fácil de la predicación protestante ya que están vacíos de contenido cristocéntrico y doctrinal. Aclaro que no estoy diciendo que estás prácticas sean malas, lo que digo es que la gran mayoría que las practica se quedan en la devoción y no le agradecen al Señor como él lo desea, que le sirvan a través de los hermanos.

El evangelio de este día tomado de Lc. 4, 38-44 nos habla precisamente de lo que debe suceder cuando tenemos un encuentro personal con el Señor mediante alguna sanación, liberación, restauración familiar. Escudriñemos lo que nos dice el escritor en los versículos 38-39: "En aquel tiempo, Jesús salió de la sinagoga y entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba enferma con fiebre muy alta y le pidieron a Jesús que hiciera algo por ella. Jesús, de pie junto a ella, mandó con energía a la fiebre, y la fiebre desapareció. Ella se levantó enseguida y se puso a servirles". Vamos a desmenuzar este versículo para adentrarnos en esta hermosa y poderosa experiencia con Jesús.

        Jesús salió de la sinagoga: más claro que esto no hay. La sinagoga era un edificio destinado especialmente a la lectura y enseñanza pública de la Ley de Moisés y que servía así mismo de tribunal y escuela. Estas reuniones no eran para ofrecer sacrificios, sino para el estudio de las Escrituras y la oración comunitaria. Vemos a Jesús congregarse en la sinagoga a escudriñar las Escrituras o lo que se llama hoy en la liturgia de la Palabra dentro de la Misa orar en comunidad; si eres discípulo de Jesús, esto debe ser parte de nuestro día a día; la oración personal, la escucha de la Palabra de Dios y la oración comunitaria. Además de estas prácticas, Jesús tenía su espacio de oración personal; lo vemos en Mc. 6, 46: "Jesús despidió, pues, a la gente, y luego se fue al cerro a orar". Hay muchos que creen que la oración comunitaria es suficiente, y no es así porque esta oración jamás debe reemplazar la oración personal porque es tu momento a solas con el Señor. Al inicio de este párrafo escribí: más claro que esto no hay; Jesús sale, no se queda allí como muchos que se han quedado esperando no sé qué; cuando se tiene una experiencia del Señor a través de su Palabra, de la oración, de la vida comunitaria, hay que salir inmediatamente e ir donde aquellos que necesitan que se les lleve una palabra de ánimo, una oración, una ayuda. Ayer fui a celebrar la Palabra en la casa de una hermana que ha dejado de ir al templo por estar enferma e hicimos una sinagoga con la lectura de la Palabra, la oración por ella y el compartir fraterno. Si la gente no va a la sinagoga, la sinagoga va a ella; en nuestras palabras es: si la gente no se congrega, la congregación va a ella. Fue un momento delante del Señor y esta hermana no contenía las lágrimas de ver tanta gente reunida y sentir tan fuerte el toque del Señor con la Palabra y la oración. Esto es ser Iglesia, salir.

        Entró en la casa de Simón: Jesús va a la casa de su amigo Simón, muchos por estar en el camino hemos dejado de frecuentar a nuestros amigos con la excusa de que estamos ocupados en la obra del Señor y esto incluye familiares también. Ayer conversaba con un amigo hermano que hace días me dijo que quiere conversar conmigo e inmediatamente amarré en la agenda para el jueves 14 de septiembre en la noche dedicarla a conversar con mi amigo hermano. No descuides tus amistades, no descuides tus amigos; Jesús no lo hizo a pesar de que andaba a mil en muchas cosas.

        La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta: mira tú, al llegar a la casa de su amigo resulta que hay una necesidad, hay una carencia, hay tristeza y preocupación. Si no vamos a la casa de nuestros amigos y familiares, no nos vamos a dar cuenta que necesitan de nosotros, que necesitan compañía, que necesitan consuelo, que necesitan paz, que necesitan sanidad y muchas cosas más. Solo hay que ir porque todas estas cosas son la fiebre alta que ellos están viviendo y solo tú puedes ayudarlos yendo en el nombre de Jesús. Acabo de escribirle a una amiga que amo mucho y por razones tontas nos hemos alejado el uno del otro, pero acciono la Palabra de una vez en mi propia vida; esta amiga junto a su esposo no me abandonó en el momento donde todos lo hicieron. Haz tú lo mismo en este instante hermano y hermana, anda o escribe a ese amigo o amiga que hace mucho no sabes de él o de ella. Hay una fiebre que sanar, hay una persona que levantar hoy.

        Ella se levantó enseguida y se puso a servirles: aquí está la respuesta de una persona agradecida con el Señor, servirle enseguida. No es dame tiempo, espera que arregle las cosas, déjame consultar, no estoy capacitado, y una serie de situaciones que al final son solo excusas sin sentido. 

El Señor está hablando alto y claro hoy a tu vida; si eres un evangelizador, o sea que haces oración personal, que escudriña la Palabra y ora en comunidad, sal de tu sinagoga y anda a visitar a tus amigos y familiares porque pueden estar sufriendo una fiebre muy alta y el Señor te usará para sanar, restaurar y levantar; y si eres el que tiene la fiebre, déjate tocar por la mano sanadora de Jesús, levántate de esa cama y sírvele De ya pa' ya.

Paz y bien.


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