Morir para ser fecundo
En el año 2018 me congregaba en la Iglesia Episcopal, y allí conocí a una señora que se convirtió en amiga y hermana; ella se llamaba Sara y de cariño le decía Sarita. Nos sentábamos juntos en el templo para cantar y gozarnos en las alabanzas dentro de la Misa. Ella tenía cáncer en ese tiempo, pero siempre mantuvo una alegría contagiosa, me hacía feliz estar al lado de ella; estando en cuidados intensivos, su hija que es doctora me permitió entrar donde estaba ella y estuve bastante tiempo cantando todas esas canciones que compartimos en el templo. Pasaron los días y murió Sarita, por temas de trabajo no pude llegar a la Misa, pero la noche de la velación cantamos, prediqué la Palabra e hice una oración de perdón junto a su ataúd con toda su familia, fue un momento de paz que regaló el Señor aquella noche.
Cada mes después de la muerte de Sarita, julio de 2018, nos congregábamos en su casa para compartir alabanzas, adoración, predicación de la Palabra y se terminaba en un compartir fraterno; eran momentos hermosos de vida en comunidad. El Señor me hizo volver a la Iglesia Católica comenzando el 2019, pero como venía de casi 5 años de no estar en ella, estaba comenzando a tener contactos con sacerdotes, agentes de pastoral y no fue fácil involucrarme en las misiones. Prácticamente tenía como única plataforma de evangelización la casa de Sarita, pero ya como católico.
¿Por qué esta historia? El evangelio de este jueves tomado de Jn. 12, 24-26, fiesta de San Lorenzo, me recuerda a Sarita. Escudriñemos el versículo 24: "Jesús dijo a sus discípulos: Yo les aseguro que, si el grano de trigo sembrado en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto".
Sarita es ese grano de trigo que murió y hoy está dando muchos frutos para la gloria de Dios, sí mi hermano; y esta producción no para porque día a día siguen saliendo muchos frutos más. Como te dije, regresé al catolicismo en el 2019 y los primeros meses solo evangelizaba en la casa de Sarita, pero esa casa se fue llenando cada mes de católicos ya que los episcopales eran una pequeña porción, ejemplo 90 católicos y 10 episcopales.
De estas jornadas muchas personas comenzaron a seguirme para consultas, visitas, asesorías espirituales, y algunas eran agentes de pastoral en sus parroquias y así fui entrando a las parroquias para jornadas de Evangelización y Adoración y formaciones. Hoy te puedo decir que, gracias a ese grano de trigo llamado Sarita, hoy son cientos de hermanos y hermanas que han sido impactados por las misiones que llevamos acá en Panamá y Costa Rica de manera presencial; cientos de hermanos que han sido impactados por la Palabra de Dios en la radio, ciento de hermanos que han sido alcanzados a través de las redes sociales con mensajes, en vivos, cientos de hermanos que han sido alcanzados con las reflexiones de este blog que está llegando a países que ni me imaginaba que lo iban a leer. Estamos llegando a 14 países, 9 en América y 5 en Europa.
Es fascinante cómo el Señor usa un grano de trigo que quizás es insignificante para mucha gente, pero para Dios es una bomba que su radio de acción alcanza a cantidades inimaginables para la mente humana.
Tenemos que ser ese grano de trigo también ahora que estamos vivos, y lo seremos cuando morimos a nuestro yo, cuando morimos a nuestras pasiones, cuando morimos a las cosas materiales, cuando morimos a nuestro orgullo, cuando morimos a nuestra soberbia; muriendo a todas estas cosas podremos ser trigo fecundo para muchos y por supuesto que lo seremos cuando el Señor nos llame a encontrarnos con él.
Sarita, sé que estás cantando junto al Señor el Santo que nos gustaba cantar y danzar juntos, y te doy gracias por ser ese grano de trigo que fecundó mi ministerio de Evangelización y Adoración, y gracias por enseñarnos que hay que Morir para ser fecundo.
Paz y bien.

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